26 de mayo de 2010

Destreza


ni diez sesiones con la psicóloga
ni usar los parches pegados al pecho
ni tomar una píldora cada ocho horas
ni atarme en el árbol de un bosque solitario
ni practicar aikido, buceo y ajedrez
ni hacer el curso de feng shui
ni asistir a las charlas sobre Osho
ni hacer el taller de protocolo y etiqueta
ni ir al gimnasio día de por medio
ni cambiarme el apellido y el color de pelo
ni siquiera permanecer en mi escondite
impidieron que el pequeño ruin egocéntrico
hijo de Marte y de Venus
me diera con su flecha justo en el centro
y me condenara para siempre

1 comentario:

Sigfrido dijo...

muy emotivas sus palabras, saludos.